miércoles, 4 de enero de 2012

¡Navidad, Año nuevo¡ ...¿qué pasó?


(Segunda parte)

La tarde comenzó su recorrido silenciosa y tranquila, en las calles no había ese bullicio al cual estamos acostumbrados para estas fechas, donde la gente corre hasta último minuto haciendo las compras del “por si acaso”. Era demasiada tranquilidad para ser real, pero era real; desde el hostal donde vivo (el cual está emplazado en una pequeña colina) se podían apreciar las calles vacías, sin autos, sin gente y un silencio inmenso, total; el cual era agradable hasta cierto punto, porque después, me sentía como la protagonista de esas películas donde en el mundo sólo existes tú y quizás, alguien más en algún lugar.

Poco a poco el silencio fue roto por los primeros preparativos del asado, había que buscar leña para el fuego (acá los asados son con leña y jamás con carbón, a no ser que seas turista o simplemente chileno) y preparar las parrillas, la carne estaba lista en alguna cocina de no se quien, así como también las ensaladas y los acompañamientos varios, sólo quedaba sentarse a beber cerveza y escuchar un mezcla de música rapanui y reggae, ¡el ambiente parecía alegrarse y dejar atrás la inquietud silenciosa!. Cada cierto tiempo, los invitados repetían la pregunta sobre qué se haría luego de comer: ir a bailar, ir a ver los fuegos artificiales, dormir, quedarse en casa con la familia, quizás lo hacían movilizados por el afán de crear un nexo entre chilenos y rapanuis, o simplemente, porque la mecánica de la situación hacía que la respuesta se olvidara al terminar de escucharla.

Miraba la hora y pensaba qué estarán haciendo en Melipilla, comprando pan que alcance hasta el lunes pal desayuno, corriendo a la farmacia por un Kitadol por si alguien tiene resaca, yendo por segunda vez a la botillería por alguna bebida y, buscando algún lugar donde encontrar helado de piña para la champagne. Mientras, yo aquí y los únicos tres compatriotas, seguíamos tomando cerveza en la terraza viendo, como el último día del año se nos iba como cualquier otro. .. no importaba el asado y las parrillas que empezaban a humear, ni las cervezas que jamás se acababan, porque cuando vives en un hostal esta escena es cotidiana, ¡que le das la bienvenida a alguien, que le das la despedida a alguien, que el recién llegado te invita a cenar, que un turista invita a todo el hostal a comer...!, pero hoy, día de fiesta around the world el ambiente no era de fiesta, la música no cantaba “Un año más, que más da...”, “El Galeón español llegó...”, “Agua que no has de beber...” (porque no me digan que puede haber año nuevo sin las clásicas cumbias de la Sonora Palacios, ¡que Wuachiturros y no se quien!, en año nuevo se debe escuchar un mix de buenas cumbias) todo era igual que siempre.

Llegó la hora de cenar, a eso de las 10 de la noche, todos nos arreglamos y los chilenos tomamos nuestros teléfonos para saludar a la familia, era un poco freak estar diciendo ¡Feliz Año Nuevo! a las 10 de la noche (tenemos dos horas menos en la isla), pero esta fue una acción que nos acercaba un poco al hogar y nos llenaba de felicidad, una felicidad que pronto también estaríamos experimentando (?). Vino la cena, conversaciones varias y listo, a las 11 de la noche se partió al Hanga Vare Vare en busca de la fiesta y los fuegos artificiales, en el camino uno se iba encontrando con las familias y turistas que enfilaban hacia el mismo sector, se veían botellas de champagne en las manos, sombreros en las cabezas y serpentinas en el cuello, a lo lejos se escuchaba música en vivo, el clima estaba agradable, tibio, llegamos al lugar preciso y a esperar... comienza la cuenta regresiva (antes de lo que indicaba mi reloj) ¡9-8-7-6-5-4-3-2 FELIZ AÑO NUEVO!. Estallan los fuegos artificiales y la gente no se movió de sus lugares, nadie fue donde el vecino a saludarlo, no sonó ninguna cumbia, todo fue extraño, todo se desarrolló en “sus espacios”, con sus grupos y nada más.

Al día siguiente, una salida a la playa para terminar el asado que había quedado la noche anterior, y el lunes, tres chilenos sentados en silencio, se miran, suspiran y alguien dice: “No hay como pasar las fiestas con la familia”, porque será lo mismo de siempre, con la misma gente, la misma vieja cumbia, el mismo conocido latero que te visita para darte el abrazo, pero al final... es tu mundo y sobretodo, es tu familia.




martes, 3 de enero de 2012

¡Navidad, Año nuevo¡ ...¿qué pasó?

(Primera Parte)

Eramos tres chilenos la noche de navidad tomando cerveza junto a la parrilla, en silencio, mirando las estrellas, escuchando las risas del resto de los invitados, todos rapanuis, que como es natural estaban conversando en su lengua. De repente, un suspiro, casi al unísono, después, alguien dijo: “¡No hay como pasar estas fiestas con la familia!”, después... el silencio otra vez.


Después de una navidad un tanto extraña en donde el espíritu navideño nunca llegó, donde las calles no se vistieron de rojo y verde, donde la celebración de nochebuena se confundió con otras tantas y en donde no había nada que dijera “esto es especial”, los chilenos que estábamos reunidos en el hostal terminamos la velada esperanzados de que la noche de año nuevo sería distinta. ¡Porque el año nuevo toooodoooo el mundo lo celebra!, en todas partes, desde las grandes ciudades con sus juegos de luces, música hasta el amanecer y fiesta total; hasta la más recóndita casita de algún pueblo con una sencilla cena, un licor para brindar, recordar el pasado reciente y anhelar el futuro. Pero la gran incertidumbre estaba ya en nuestras vidas, cómo sería recibir el año lejos de tu hogar, en un lugar donde los chilenos no son bien recibidos por más de un mes, donde la gente no se siente tu compatriota y tú eres un extranjero más... por ahora sólo nos quedaba esperar.


Con el correr de los días la radio fue anunciando los carretes: fiesta en el Bar El Pea, fiesta en la Caleta Hanga Piko, fiesta en el Hanga Vare Vare al lado del mar, fiesta... y así los mismos 3 chilenos fuimos sintiendo las serpentinas y cornetas en nuestros oídos y pensando que ahora sí se venía la fiesta con todo. Al trío de chilenos anhelantes se nos unió un cuarto, esta vez, un turista que venía a pasar unos días a la isla sin más expectativa que el descanso completo, pero nadie puede quedar indiferente a un magno evento como éste y también cayó en la consulta permanente de “cuál era la manera más entretenida para disfrutar año nuevo”, pregunta que a esa altura ya teníamos solucionada ¡¡¡Junto al mar, con fuegos artificiales y música toda la noche!!! 



     Para ponernos a tono hicimos una cena pre-año nuevo con los huéspedes que estaban el viernes en el hostal, venían de Alemania, Estados Unidos, China (o era Japón?) y obviamente Chile, preparamos un rico asado de costillar, con ensalada a la chilena, pebre, arrocito blanco para acompañar, red wine, cerveza y para ponerle un toque exótico, unos pisis (pez autóctono de la isla) a la parrilla. Esto sólo era un pequeño adelanto, porque mañana se venía el año nuevo, se venía la fiesta junto al mar y los abrazos con todo el mundo, porque si en la misa todos se desordenan para dar la paz y le dan la mano hasta el último de la fila ¡¡¡cómo sería de afectuoso el abrazo de nuevo año!!!.


El último día del año desperté muy temprano, quería terminar todo en la mañana y concentrarme sólo en la celebración, la cual ya habíamos decidido con los participantes de ella comenzarla temprano con su correspondiente asadito (otra vez), para luego “bajar al Hanga Vare Vare”. Pero había algo raro en el ambiente, quizás porque era muy temprano no había movimiento en la calle, no habían autos como es habitual, sólo reinaba el silencio; pasaron las horas, llegó el mediodía y nada, el silencio seguía ahí, pensé que era debido a que la mayoría de la gente no vive en Hanga Roa (el pueblo), sino en la costa ( en el “UTA” como le dicen aquí) y ya habrían partido a sus hogares para la celebración, sin embargo, al poco andar me di cuenta que la verdad era otra... ( to be continued)

martes, 20 de diciembre de 2011

Una Navidad muy, pero muy diferente


    Si no hubiese visto la televisión estos días, creo que jamás (y lo digo muy enserio) me habría dado cuenta qué fecha era, porque por estos barrios nadie corre a las tiendas, no se escucha música navideña, ¡¡¡ni hablar del viejo pascuero!!! no hay viejo, nadie vestido de Santa Claus en las tiendas esperando a los niños para la foto, ningún reno asomando su nariz roja, porque por acá no vienen, por culpa del calor qué está haciendo y si llegan a hacerlo, el pascuero tendría que ponerse zunga y cambiar los renos por peces.



Ya estamos a pocos días de Navidad y sinceramente no estoy inundada del espíritu navideño como es mi costumbre, este año no me preocupé de armar el árbol, ni darme unos minutos en busca de aquello que el viejito obsequiará a mis seres queridos. Muy por el contrario, sólo me di cuenta del contexto cuando vi un comercial de Líder diciendo que todo lo que deseas para estas fiestas lo puedes conseguir en sus locales y recién ahí caí en cuenta de la fecha: Muy pronto estaré celebrando nochebuena, navidad y año nuevo en el ombligo del mundo, pero donde está el árbol vestido de rojo y verde? dónde están los regalos que uno comienza a esconder para que nadie sepa qué compraste hasta que los abran?, donde están los manteles con campanas y el cola de mono?

  No es que acá no celebren Navidad y los niños sean unos extraterrestres que no saben de la existencia del pascuero, la diferencia radica en la forma de acercarse a esta fecha, más tranquila, sin la vorágine de las compras, las tarjetas de crédito, el stress de las cenas familiares y los cachos del amigo secreto. Quizás sea por el contexto geográfico y la conectividad con el resto del mundo pero aquí, en especial en estas festividades, todo pareciera ser más lento, cosa extraña en cualquier lugar del mundo, pero aquí se da así. Sólo cuando ves un árbol en la casa de alguien, recién ahí dices: “Chucha, debo hacer el arbolito”, porque si a esta altura estaban pensando que no hay nada de nada, se equivocan, hay, pero poco y es tan reducido que pareciera no existir.

En las calles todo sigue relativamente igual a no ser por un nuevo café que desde el 1° de diciembre decoró su local con grandes monos de nieve, renos y pascuero y todos ellos se ven ¡¡¡taaaan extraños!!!, como que están desubicados entre tanto surfista con tabla y gente con traje de baño tomándose, junto a ellos, un rico jugo de guayaba natural. Y aquí es cuando baja la nostalgia de la tierra y la familia, de pasar las fiestas comiendo lo mismo de todos los años (porque es tradición), de ir viendo como el árbol se llena de regalos y pelear por el mejor momento para abrirlos, de recibir algún presente inesperado y pensar “mañana debo comprar algo”, de recibir lo que tanto te gustaba en la tienda y por ser caro dijiste “ojalá me lo traiga el viejito”.


    Uff, a la distancia todo lo que te da lata en estas fiestas lo comienzas a extrañar, idealizas cada cosa que recuerdas, cada momento fue mejor que el actual, el árbol más grande, los adornos más bellos, ¡¡¡si hasta las tarjetas musicales son encantadoras en mis recuerdos!!!. Pero sería muy mala elección quedarme con lo que podría ser y no vivir este momento, que de una u otra manera será muy distinto a todo lo que he vivido en estos meses, y por eso, desde ya y con un poquito de nostalgia, debo dar gracias al viejito pascuero por este regalote que me ha brindado y disfrutar a concho, no se si con cena navideña o a la orilla del mar, una Feliz Navidad en Easter Island.
Felicidades a todos.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Música, raíces y teatro: Todo es motivo de fiesta

“La alegría no sólo es brasileña” dice Joe Vasconcellos  en una de sus canciones  y esta frase se me vino inmediatamente a la mente cuando hoy empecé a escribir; en estas últimas semanas y  de diversas maneras, me ha tocado estar de fiesta constante, el aire parece que se ha vuelto más musical, alegre, lleno de armonías que te incitan a sonreír... y lo más lindo de todo, es que la sorpresa llegó  para quedarse y  apoderarse de todos quienes estamos en RapaNui. ¿Quieren saber que ha pasado por estos días?.

Desde el 1º  de noviembre mágicamente el ambiente cambió, las sonrisas están a flor de piel, la gente anda más contenta, todos los días hay un nuevo lugar, ya sea un café, una tienda de artesanía, un restaurante; los rostros comienzan a rejuvenecerse con la llegada de los hijos, nietos y parientes que estuvieron estudiando en el continente y la música subió su volumen inundando las calles, las esquinas y el mar. Literalmente esto sucedió un fin de semana cuando, Mahani Teave, concertista en piano, regresó a RapaNui  para brindar un concierto gratuito frente a la playa, en el sector de Hanga Vare Vare, donde las puestas de sol son fenomenales y lo mejor, es que está a tres cuadras del centro del pueblo. El sol despidiéndose fue el escenario perfecto para que todos los asistentes, muchos extranjeros  amante de la música clásica y los más, rapanuis que estaban con el deseo de ver  “cómo se veía esta  prima, vecina, amiga del colegio”, que hace años salió de la isla para cumplir un sueño que acá, hubiese dormido junto a los moais, se deleitaran con un espectáculo de alto nivel.

A los pocos días, nuevamente la gente se comenzó a preparar para el Primer  Festival de Música Rapanui, sería todo un día de sonidos autóctonos, bailes, competencias musicales, performance nativas...no cabía duda que este era un evento para todos, para los turistas era su oportunidad  de  apreciar  distintos estilos  musicales y para los rapanuis, era la ocasión de enorgullecerse por los  parientes que  estarían sobre el escenario. Para mí, lo más sorpresivo y simpático, fue ver al muy particular dueño del pub Makona (si vienen lo recomiendo 100%, el lugar es chiquito, íntimo, se come y bebe como los dioses...ah!!! y te ríes todo el rato con Roberto- su dueño, chef y mesero- con tus vecinos, de tu vecinos y de ti) siempre sonriendo, tirando bromas a los asistentes   (aquí todo era muy interactivo con el público, entendieras o no el idioma), vestido con un hami (zunga rapanui confeccionada con corteza de árbol), una corona y cantar en lengua local  acompañado sólo con  dos piedras que golpeteaba cadenciosamente. ¡¡¡¡ Uff, parece que es verdad que en la isla la  música se transmite por genética!!!

Y ahora estamos frente a un “Desembarco Teatral”,   cuatro días de obras de teatro y talleres infantiles gratis para la comunidad. Algunos dicen que es la primera vez que se estrena una obra  en RapaNui, otros dicen tener en sus recuerdos alguna presentada en la isla hace años... como sea, la cosa es que todos hablan de las obras, de lo que verán, de lo que vieron y sobre todo, de aquello que sus hijos harán en la gran función de cierre. Pero lejos, lejos de todo esto, un acontecimiento específico marcó este desembarco: la llegada de un mimo. Cuando se bajó del avión ya venía caracterizado, agarró pal leseo a todo el mundo en el aeropuerto, a los carabineros, a los turistas y hasta a los mismos rapanuis, los niños eran los más felices porque esto si que jamás se había visto acá. Como él es actor  callejero, se le ocurrió hacer intervenciones en la calle principal, frente a la farmacia Cruz Verde, interrumpió un partido de rugby, hizo show en otro de fútbol, los niños fascinados, los adultos también, lástima que no faltó el imbécil ( los hay en todas partes y de todas las razas) que lo insultó y dijo “fuera de mi isla” (como dato extra el Parlamento Rapanui nuevamente ha comenzado con las movilizaciones para que echen a los chilenos residentes), pero él como todo un maestro contestó sólo con humor y pudo ahogar la mala  vibra con la risa del resto de los asistentes.

Y así están los días en la Isla, alegres, multicolores y musicales, pero lo más irónico de todo esto es que después de muchos años y viviendo a una hora de Santiago, vine a ver teatro en RapaNui, en el lugar  habitado más apartado del planeta, ¡¡¡¡ esto bien merece una aplauso!!!!.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Las dos caras de un mismo día

El 11 del 11 del 2011 era un día que se vivía lleno de expectativas, por un lado el ambiente era de fiesta, música por todos partes, bailes y alegría, pero en la otra esquina, entre los chilenos que vivimos aquí, el ambiente era COMPLETAMENTE distinto. ¡¡¡Cómo se rogaba a dios por un milagro y que la señal de Chilevisión llegara acá por 90 minutos!!!... para ver el partido, para ver a los 5 reemplazantes y mantener la esperanza de poder festejar el triunfo a la distancia, sin embargo, el destino  aún tenía mucho que decirEste viernes 11 de noviembre se celebró el Día de la Lengua, por ello  todo era fiesta en las calles, desde temprano en los colegios  los alumnos preparaban sus vestuarios y coreografías que bailaban con orgullo y garbo (igualito que nosotros la cueca, jaja), los profesores alistaban las muestras culturales y los turistas preparaban sus cámaras . Todos tenían programada la tarde para ir a la playa, ver el espectáculo y pasar una tarde familiar entre cantos, bailes y comida tradicional, pero para los chilenos residentes el panorama era otro, menos atractivo si lo comparamos con lo señalado anteriormente, pero igual de valioso para quienes “llevan la roja en el corazón”. 

Sniff, no veré el partido, miau!
Si bien saben, acá  el zapping es bien corto, entre la  La Red , TVN y  el canal local (que sólo transmite algunas horas al día),  la angustia por la tv se siente con fuerza  cuando el tema es fútbol, este síndrome de abstinencia televisiva lo padecen principalmente los chilenos, quienes en esta ocasión rogaban a dios por un  milagro tecnológico y así poder ver  a la Selección enfrentándose  sin los 5 “bautizados”,  por culpa de una copita  de más. Lamentablemente no había cómo, así que mejor irse camino a la muestra cultural y disfrutar del sol con  la oreja pegada a la radio para ver que pasa...

Y todo pasando en la playa, todo el pueblo estaba aquí, como llegué un poco tarde no alcancé a disfrutar del curanto, pero eso era un detalle porque había mucho que ver: en el escenario central estaban las autoridades , la orquesta, animadores y los niños bailando. En el mar jóvenes navegantes  sobre sus naves disfrutando de  las aguas, en el centro exposiciones de trabajos culturales, el sector estaba lleno de gente gozando el color, el sol y la fiesta, a ratos con envidiables movimientos, a veces con haaaarto empeño, pero siempre siempre  sonriendo.


Los que a esa altura no sonreían eran los chilenos, pero como la confianza es lo último que se pierde y la unión hace la fuerza se dió el milagro para  que 6 chilenos y yo, la única niña, viéramos el partido. Con tecnología de punta y el ingenio chilensis pudimos ver el partido en vivo y en directo en un plasma de 48 pulgadas... que día de la lengua y que curanto, guarden el ukelele para otro evento, porque acá, entre cervecitas tahitianas y un silencio de iglesia vimos,  después de años para algunos, a la roja en acción, puteamos a Borghi, pelamos a los incomprendidos del bautizo y sufrimos cada gol como no se lo imaginan, cómo dijo alguien esa tarde: “Ibamos dos uno y terminamos perdiendo 4 -0”.





¡¡¡¡Qué pena y todo el empeño para esto!!!, quizás hubiese sido mejor quedarnos en la playa celebrando el Día de la lengua, con ukele y curanto incluido, pero así son las cosas del fútbol, todavía quedan partidos y ahora sólo nos quedaba pasar las penas como buenos chilenos  y ¿cómo se pasan la penas del fútbol? “CON ASADITO PO”,  qué mejor que tirar unas carnes  a la parrilla, ir en busca de más cervezas, wishky, ron y claro, bebidas y simplemente comer y reír, hacer patria en el ombligo del mundo  mirando este  cielo  bellísimo  y dejando atrás la derrota con  copas y más copas.

(La identidad  de los participantes en este hazaña tecnológica han sido omitidos por seguridad  y porque simplemente nos acabronamos con la transmisión)

sábado, 29 de octubre de 2011

Distintas formas de disfrutar la vida


Quien lo creería, pero uno puede aprender a disfrutar y saborear la vida de maneras tan distintas, como países existan en el mapa. Algunos sólo miran, otros sólo miran a través de una cámara, otros miran por otros, otros corren, otros sólo comen sin mirar, otros miran, comen y miran otra vez, otros toman fotos todo el día y caen rendidos al anochecer. Cada uno a su ritmo, algunos con horarios prusianos y los más al son del ritmo rapanui, pero todos al final del día se llevan a la cama un cuerpo cansado, muchos recuerdos y una tremenda sonrisa en los labios.


A esta altura de mi vida creo que puedo hablar con un poco de conocimiento de los viajeros y sus formas de disfrutar, porque aunque no lo crean cada uno goza con cosas distintas. Por ejemplo, los franceses siempre cocinan, aunque sea un plato de tallarines con salsa, ellos lo hacen gourmet con alguna hojita verde por ahí, un buen vino y una mesa bien puesta. Por su parte, los australianos son de temer, beben todo el día, pero no como en Chile que es a morir, sino que para ellos el sentido de la vida es compartir una cerveza junto a una buena conversación, y para eso, tienen una resistencia casi inhumana, ¡¡¡se sientan con tres pack de cervezas y no se paran de ahí hasta que no haya más de que hablar !!! porque esperar que se paren cuando se acabe la cerveza es imposible, SIEMPRE, SIEMPRE, TIENEN MAS. 


Por su parte, los canadienses me encantan, tienen una manera tan relajada de enfrentar los viajes y las nuevas situaciones que asombran, no importa la edad que tengan, siempre andan sonrientes por la vida. Llueve y se les recomienda cambiar de planes y no les importa el clima, salen a caminar y lo disfrutan como niños, ríen de todo, de todos y de ellos. Conocí un matrimonio hace pocos días, ya tenían sus años, estaban retirados y su misión era simplemente gozar: “Ahora nuestro trabajo es disfrutar la vida”, decían. Con más de 50 años y los problemas propios de una edad avanzada, era admirable verlos todas las mañanas despedirse entre ellos, porque él iba a bucear (a veces dos veces al día) y ella lo esperaría leyendo un libro bajo el árbol de mango... ya de regreso de la experiencia submarina , junto a un café y una cerveza heladita, compartían sus experiencias, recordaban sus aventuras pasadas con un “do you remenber …?” y siempre reían.


Los italianos son otros grandes, tienen la chispa en la sangre (aunque depende de su lugar de origen), una alegría casi genética y como bonus, está el hecho que es muy fácil entenderlos, no recuerdo bien el nombre de ambos, pero un matrimonio llegó por unos días a RapaNui y fue cosa de instalarse en la terraza y comenzar a escuchar sus aventuras por el norte de Chile, ver sus fotos de Perú (conseguidas por la madre con una cámara regalada por toda la familia para la última navidad), recordar de vez en cuando a su único nieto que vive en Roma, reírse del porrazo de la señora recién llegada a la Isla y suma y sigue. Eran muy amables con todos, les encantaba compartir y además aprender nuevas cosas, principalmente sobre comida, así que cuando cenamos juntos tomaron nota del pisco sour y del pescado a la piedra... se supone que a su regreso a Italia compartirían junto a su familia un asado de pescado al estilo rapanui con un buen pisco sour chileno.



Pero lejos, lejos de todos ellos y en párrafo aparte, se encuentra un japonés super acelerado llamado Hiroshi. Un hombre mayor, ya retirado, que habla pésimo inglés, casi nulo, pero que intenta arreglar cada conversación con palabras en su idioma y muchas, pero muchas musarañas y gestos. Camina siempre cabeza gacha, muy rápido, hablando sólo en japonés. Su principal interés se encuentra en la comida, tanto en la que prepara como en la que uno cocina; pregunta por cada ingrediente que añado a las ollas y amablemente, va realizando una traducción simultánea a su idioma, a veces con palabras imposibles de repetir, pero entre su chamullado inglés y mi chamullado japonés nos podemos entender bien.



Una noche quiso cocinar, consiguió pescados y lentamente comenzó a filetear la carne para preparar sashimi (pescado crudo, no confundir con el sushi), de vez en cuando comentaba que el cuchillo era muy malo y que en su país los buenos cuestan desde los 2000 dólares. Una vez completado su plato principal, tomó tooooodo el resto que aún quedaba en el pez y fue limpiándolo meticulosamente para preparar una “yapanis sup” , sólo con agua hervida, trozos de pescado (esos que nosotros botamos) y un poco de azúcar; he de confesar que tenía un poco de recelo de esta sopa, pero una vez que la probé mi opinión cambió radicalmente.



Y los rapanuis? se estarán preguntando, pero creo que la respuesta bien merece un capítulo exclusivo, porque si hay alguien que sabe de carretes son estos amantes del mar, ¡¡¡pero les advierto desde ya ,que será SOLO para “personas con criterio formado”!!!. Por mientras, me sacrificaré en pos de una acuciosa investigación, porque para escribir debo conocer, SALUD POR ESO o como se dice acá MANUIA!!.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Hoy hablé con un rey



Salí por un capuccino y terminé escuchando a un hombre sabio, me llevó a miles de lugares y por épocas distintas, hablaba con fechas exactas, mencionando nombres que uno  encuentra en los libros de historia, pero pocas veces a alguien que te diga sin atisbo de soberbia: “Cuando yo estuve con él...”. Este hombre que hoy se sentó en mi mesa, vivió la historia de esta isla en primera persona, en la orilla y en el centro de la escena, fue protagonista y actor de reparto, pero siempre  de una u otra manera, estuvo ahí... y estará en esta  historia casi olvidada de RapaNui.







Me he dado cuenta que la nostalgia de estar lejos de casa la experimento cada vez que anhelo  un rico, dulce y humeante café  compartido con mis amigas, conversando de todo y de nada, de lo mismo y de lo nuevo. Uno de esos días, pero a miles de kms de mi hogar y  sin mis amigas, partí en busca de un capuccino (pero esta vez de máquina) y de la desconexión con la isla. Sentada en el local de “la flaca” no me di cuenta cuando a mi mesa se sentó un hombre mayor, un caballero de edad indescifrable, pero que delataba una edad respetable. Me lo presentaron y con el trote de los caballos que a esa hora son el mejor transporte escolar, sólo sonreí porque nunca escuché quién era, pero no importó  demasiado ya que de inmediato su conversación cautivó, hablaba de qué es ser rapanui, de los difíciles momentos que han vivido como pueblo, de los anhelos de desarrollo dejados de lado por insatisfacción casi genética, de las exigencias sin fundamento de un pequeño grupo que no sabe qué exigir, del poder y de años y años de historia que se pierden, porque la memoria es frágil y más frágil cuando no hay historia escrita y cuando a cada palabra se suman fantásticas realidades que quizás nunca existieron, o tal vez sí, quien puede tener certeza. 




Entre historias, anécdotas, fechas, personajes y situaciones en las que uno dice “Nooo, será cierto o me estará engrupiendo?,  este hombre con la tranquilidad de quien menciona su nombre, mira el horizonte, quizás buscando algún recuerdo perdido y con la vista puesta en la nada  dice: YO SOY REY,  ratificando su palabras con la mano puesta en el corazón. Estas simples tres palabras me remecieron, tanto por la actitud como por su fuerza, porque si bien en la isla uno levanta una piedra y salen 10 ARIKIS (rey de RapaNUI), este hombre hablaba de un poder real, no de coronas y tierras, sino del poder de la sabiduría, de haber aprendido de los más de 80 años de vida mirando el mundo y siendo parte de él, aquí en el ombligo de él y en el mundo más allá del mar.  




 
Al despedirse, recién ahí supe que en mi mesa había estado con el Presidente del Consejo de Ancianos, un encuentro inesperado, cargado de sabiduría y honestidad, un momento mágico que se da en esta isla que si bien no tiene a mis amigas y amigos, ni tampoco un rico café para conversar, si tiene estas conversaciones mágicas  que le dan otro sabor a la vida., no mejor ni peor al cual  estamos acostumbradas, sino distinto y que pocas veces se vuelve a repetir con la misma intensidad de ayer, por eso la moraleja es simplemente  ¡¡¡ CARPE DIEM!!!